Por qué tienes que participar en el Nanowrimo


Finales de octubre de 2015. Llevo intentando escribir una novela desde hace unos años ya, pero nunca me lo he tomado suficientemente en serio. He ido acumulando excusas para no terminar novelas y tengo una colección preciosa en el armario, cuando queráis os la enseño. Mientras tanto, sigo soñando con ser escritor (sea lo que sea eso). Intento no pensar en lo ridículo que es querer ser escritor y no haber acabado ni una puñetera novela. 

He oído hablar del NaNoWriMo, claro que sí. Desde hace un tiempo. Algunas personas que conozco en Twitter, de hecho, van a participar. Yo no estoy muy seguro de atreverme, porque yo qué sé, nunca he escrito tanto en mi vida. ¿Estoy dispuesto a comprometerme con un reto así para luego darme una hostia contra el bordillo? No sé yo. 

Comparto mis dudas en Twitter, que viene siendo como el pensadero de Harry Potter. Alguien que me dice que me anime, que qué tengo que perder. Y es verdad. 

Falta un día para que comience el reto y yo no tengo nada. Res. Nothing. Niente. Tengo ideas, claro, pero nada elaborado sobre lo que construir una novela. Solo una idea. Una idea de mierda. Y un poco de ilusión. 

Con eso, os lo digo, es suficiente para empezar a escribir. 

Al día siguiente empecé a escribir lo que se convertiría en mi primera novela terminada, Tristán de Acuña. Una novelilla de mierda llena de misterio barato, personajes planos, tramas ridículas y lagunas del tamaño de Philadelphia, todo escrito con un estilo bastante simplón. Era una basura, de las grandes, de las que no puedes terminar de la vergüenza ajena que da. Seguro que has leído un libro así, y así era mi primera historia. Créeme, no solo la he leído yo, también la he corregido (varias veces). No era buena. Ya está. Y yo lo sabía, perfectamente, mientras escribía. Que esta historia no iba a llegar a ningún lado, que nunca dejaría que la leyera nadie y nadie me la publicaría nunca. Pero aun así seguía escribiendo, sin importarme esas movidas. Tan bien como sabía que la novela era una mierda, también sabía que era importante que la acabara. 

Y vaya si lo fue. Ponerle el punto final a Tristán de Acuña ha sido lo más importante que he hecho en mi carrerilla como escritor. Fueron los primeros pasos que tenía que recorrer para poder seguir creciendo y avanzando. Aprendí mucho con esa historia, y los errores que cometí con esa novela, aunque los volví a cometer, al final se quedaron donde pertenecían. 

Después de Tristán de Acuña, vinieron muchas más. Novelas que también eran malas, y se van a quedar en el cajón, para siempre, pero que me han permitido seguir aprendiendo y escribiendo, buscando y encontrando el método que me funciona, entendiendo cómo funciona mi proceso. Me ha costado muchas novelas, muchas horas de escribir, pero creo que ya soy capaz de escribir con un mínimo de profesionalidad (y lo que me queda por aprender, amigas). Me ha costado muchas novelas escribir algo con lo que me sienta satisfecho, lo suficiente como para mandarlo a una editorial o dejar que lo lea alguien más. O incluso plantearme la autopublicación. Me queda mucho, muchísimo por aprender, y lo sé, pero no puedo evitar alegrarme del camino recorrido desde aquella primera novela en el nano de 2015.

El año pasado fue el primero desde que lo conozco que no participé en el NaNoWriMo. Tenía mucha plancha y muchas correcciones, o alguna movida en la que estuviera trabajando, no me acuerdo. Me dio un poco de pena. Este año, sin embargo, me he propuesto empezar y acabar una historia que me lleva rondando desde hace mucho. La continuación de El panadero, el relato que escribí hace un tiempo y que parece que le ha gustado a mucha gente.
Tengo grandes planes para esa movida, y no sé cómo me saldrá. Igual me sale un truño. O igual no. Pero sé que hace unos años me habría dicho a mí mismo que no estaba preparado, o me habría sacado del armario una de mis preciosas excusas. porque realmente me daba un poco de miedo darme la hostia. Hoy, no. Hoy estoy preparado. Hoy me pongo a escribir y lo que tenga que ser, será. 
Y todo empezó con un tuit animándome a participar en ese 2015.

¿Que por qué tienes que participar en el NaNoWriMo? Porque es una experiencia única y una oportunidad para aprender sobre ti y tus métodos de escritura. Porque nunca vas a ser tan productivo como durante noviembre y porque lo vas a pasar mal pero también lo vas a pasar muy bien. Porque vas a arañarle horas al reloj, y a dormir menos, pero todo va a ser por la literatura. Porque vas a escribir mucha mierda, pero también algún diamante en bruto. Porque vas a escribir tu primera novela, o la primera con la que te sientas satisfecho, o la primera que te publiquen, o una más, pero que significará algo para ti. Porque si acabas te dan un diploma y te va a subir la motivación mil puntos durante un tiempo, y no te va a dar tanta vergüenza decir que eres escritor. Porque sí, hostia, porque por qué no, porque puede ser el principio de algo grande.
Yo necesité que alguien me dijera por tuiter que me atreviera, y la verdad es que se lo agradezco. Si tú, como yo entonces, estás esperando un impulso, o una señal... es esta. Aquí está: participa, escribe, anímate. Ya nos apañaremos luego por lo que tenga que venir. Por ahora, solo tienes que escribir.




Antes de que te vayas:

  • Si te animas a participar, déjame un comentario con tu usuario del nano, o agrégame. Me encantará conocer tu progreso. 
  • Si te ha gustado, lo mejor que puedes hacer es compartirlo. Y dejarme un comentario diciendo que te ha gustado, eso también mola. 
  • También puedes seguirme en Twitter o apuntarte a mi lista de correo. Ambas cosas son gratis y yo creo que están bien. 
  • No sé, pero me caes bien. ¡Escribe! 

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