Jessica Jones (y cómo crear un buen personaje).



Os voy a contar una historia.

El año pasado estaba compartiendo una cuenta de Netflix con unos amigos. Todo iba bien y éramos felices porque pagábamos la irrisoria cantidad de tres euros mensuales para disfrutar del dios del streaming. Yo disfrutaba con series como Stranger Things, 13 Reasons Why, o Black Mirror. Llegar a casa y ponerme una The Big Bang Theory mientras hacía la comida era uno de los grandes placeres de la vida. Pero si tengo que mencionar una serie por encima de todas, me quedo con Sense8. Tengo pendiente hablar bien de Sense8, pero me da miedo porque creo que podría estar horas yhoras hablando de Sense8 y me perderíais el respeto. Empecé porque sabía que Miguel Angel Silvestre estaba liado con Alfonso Herrera en la ficción (desgraciadamente, solo en la ficción). Pero eso no quita que sea una de las maravillas audiovisuales más espectaculares que he visto nunca. Divertida, buenos personajes, trama de diez, casting diverso, mensaje bonito...

Un buen día, sin embargo, la cancelaron. Drama, tragedia, horror y caos. Aquello era un ultraje, ¡no podían cancelar Sense8! Estaba tan enfadado que cancelé la cuenta que compartía con mis amigos sin avisarles y se acabó Netflix (¿os imagináis sus caras cuando descubrieron un buen día que no tenían Netflix?) Daba igual que la productora acordase realizar un último capítulo para cerrar la trama: el daño ya estaba hecho y yo necesitaba tiempo para curar. 

Pasaron ocho meses y superado mi duelo, decidí volver a Netflix. No lo hice tanto por Sense8 (que también) sino por dos mujeres: Paquita Salas (algún día hablaremos de Paquita Salas también) y Jessica Jones.


Jessica Jones. Ella, la superheroína de Marvel. Ya os he hablado de Jessica Jones alguna vez por aquí, y de hecho la recomendé en mi lista de correo hace unas semanas. Pero nunca he hablado de Jessica Jones bien, como ella se merece. Me voy a dejar mi criterio de filólogo serio en la puerta un momento y os voy a decir que tenéis que ver esta serie porque sale Krysten Ritter con muy mala leche dándole patadas a cosas. Y porque es la puta hostia. Se sale de los estándares del superhéroe, la trama engancha, y los personajes están tan bien construidos (e interpretados) que quería llorar.

De eso, precisamente, vengo a hablar yo. Mientras veía la segunda temporada y me fijaba en lo apañados que están los personajes, me daba cuenta de que valía la pena hablar de ello en el blog. Y aquí estoy. Porque nunca está de más hablar de Jessica Jones.

¿Qué podemos aprender los escritores de Jessica Jones, especialmente en materia de creación de personajes? 

¿Qué tiene Jessica Jones que la convierte en un buen personaje?

1. Un pasado que condiciona.

Concha Perea, escritora y profesora de narrativa, dio una charla de creación de personajes en la librería Gigamesh. Comentó una cantidad ingente de datos interesantes, y os recomiendo mucho ver la charla con papel y lápiz en mano. Una de las cosas que dijo es que cuando trabajaba con su novela La corte de los espejos, se dedicó a escribir páginas y páginas de biografías para sus personajes. Yo mismo puse en práctica ese método en el último Nanowrimo y me funcionó mucho mejor que cualquier cosa que haya hecho antes. Conocer el pasado de los personajes nos pone en perspectiva y nos ayuda a comprenderles mejor.

Pero no basta solo con conocer su pasado. Es importante que el pasado condicione dos cosas: su situación presente y su manera de ser. En otras palabras, el pasado del personaje tiene que responder dos preguntas: 
  1. ¿Cómo ha llegado aquí? 
  2. ¿Cómo ha llegado a ser así? 
Sobre esta coherencia pasado-presente habla Gabriella Campbell en su blog, y eso es lo que pasa con Jessica Jones. El pasado de la protagonista tiene una importancia enorme en la serie, porque condiciona tremendamente la situación del personaje y su forma de ser. Uno entiende bien a Jones en la medida en la que va conociendo su pasado, y de esta forma, conseguimos que el lector/espectador se involucre en la historia. 

Hay que abrazar más a Jessica Jones.

Además, no solo se conseguimos construir un personaje tridimensional, también sirve para añadir un elemento de suspense a la narración ¿Qué coño le ha pasado a esta chica para estar tan jodida? El interrogante del pasado está siempre flotando en la serie y, siempre y cuando lo tengas todo preparado de antemano, te puede ser de mucha utilidad. Como sucede en Jessica Jones. 

2.  La regla GMC. 

Rachel Aaron, una escritora norteamericana, hablaba en una entrevista de la regla GMC para crear
personajes. Un personaje tiene que tener tres cosas: goal, motivation, conflict.  O en español, objetivo, motivo, conflicto. Ella lo explica mucho mejor que yo:

Cada personaje que aparece en tu novela, que tiene alguna clase de relevancia, tienen que tener un objetivo. Necesitan un motivo. Y necesitan un conflicto.
El objetivo es algo que intentan conseguir, ¿vale? Ya sabes, "necesito un vaso de agua", ese es mi objetivo.
El motivo es el por qué quiero un vaso de agua. Bueno, tengo muchísima sed y me voy a morir si no bebo un vaso de agua.
Y el conflicto es que hay un caimán entre el vaso de agua y yo. Esa es la razón por la que no puedo tener lo que quiero. Y si tienes esas tres cosas en tus personajes, automáticamente tendrás un elenco dinámico y motivado que irán a hacer sus cosas y conseguir sus objetivos. Y tú no tienes que hacer mucho más excepto averiguar exactamente cómo lo harán, cuál es su personalidad. 
(Pido al gremio de los traductores que me disculpe por esta horrible traducción que acabo de hacer. Y a ustedes, lectores. Nadie se merece esta traducción).

Traductores cuando lean mi traducción.

Pero vaya, que lo que viene a decir Aaron es que si le das a un personaje algo que quiera, una razón y un obstáculo, tendrás un argumento.
Esto es un poco lo que pasa con Jessica Jones. Ella cumple la regle GMC a la perfección: tiene un objetivo, aprender a vivir con su pasado; un motivo, el trauma de lo que ha vivido; y un conflicto, Killgrave o ella misma. Esto, sumado al punto uno, da lugar a un personaje eficiente y real con el que el lector/espectador se puede identificar. Y si todos los personajes cuentan con estas características, como apunta Aaron, obtienes un elenco dinámico cuya historia se irá escribiendo sola. Bueno no, la escribirás tú, pero me has entendido, ¿no?

Que son todo ventajas, vaya.

3. Ella.

Un personaje puede tener un pasado, cumplir la regla GMC y aun así ser un coñazo de personaje. Si tu vida ha sido una sucesión de hechos anodinos  y tu conflicto es, como en el ejemplo de Rachel Aaron, un vaso de agua, lo más probable es que tu historia me parezca aburridísima.

Esto no es lo que pasa con Jessica Jones. Ella es una muchacha con poderes que trabaja de detective privado, tiene un problema con el alcohol, arrastra traumas de la muerte de sus padres, y actúa como si fuera la más pasota del lugar pero el fondo no puede evitar preocuparse por los demás. Aún así, no quiere usar sus poderes para ayudar a nadie porque convertirse en un héroe le da pavor. O sea, que resumiendo. Jessica Jones es:

1. Superhéroina que no quiere convertirse en superheroína.
2. Detective privado pateaculos con traumas y problemas con el alcohol.
3. Borde en el exterior pero sensible en el interior.

La historia de Jones es más interesante que la del pobre muchacho que tenía sed y quería un vaso de agua. Sé que no te estoy descubriendo nada, pero trata de crear personajes interesantes, de contrastes, que no se sepa si son héroes o villanos, y que además estén en concordancia con sus vivencias. Dales características que no acostumbres a ver en la ficción, y que sin embargo, sí puedes encontrar en las personas de tu alrededor. Pese a los elementos supernaturales, Jessica Jones sigue siendo un personaje que bien podría ser tu vecina. Se trata un poco de eso: convertir lo convencional en extraordinario.

4. Enseña, no cuentes. 

A poquito que te metes en el mundo de los cursos de narrativa te dan este consejo: show, don't tell. Enseña, no cuentes. Esto está lejos de ser algo nuevo, pero me parece importante sacarlo a coalición. Consiste en mostrar algo a través de acciones o hechos en lugar de contarlo directamente en la narración. En lugar de decir que Manuela es la más lista de la clase, muéstrala en clase con la mano siempre levantada.

Esto en Jessica Jones es evidente. Te lo enseñan todo. En gran parte porque el lenguaje narrativo audiovisual es muy diferente al literario, pero también porque funciona. Como apunta Gabriella Campbell:
Es mucho más eficiente mostrar a un personaje por sus acciones que por sus pensamientos. Es mucho más eficiente mostrar a un personaje por sus acciones que diciéndole directamente al lector cómo es ese personaje. 
(Gabriella tiene muchos más consejos para crear personajes aquí mismo).

Un buen ejemplo en la literatura lo encontramos en la serie de novelettes espaciales de Rocío Vega, Horizonte Rojo. Su protagonista es alcohólica, y el lector lo sabe no porque el narrador lo diga, si no porque es evidente a través de las acciones de su protagonista.


O sea, que ya no solo consiste en un buen trabajo de creación de personaje, sino también (y puede que lo más difícil) en cómo presentar el personaje a los lectores. Tampoco es cuestión de soltar de golpe toda la información que tenemos de nuestros personajes porque corres el riesgo de que el lector cierre tu libro y no quiera saber más de tu personaje. Es mejor ir dosificando la información poco a poco en función de nuestros intereses. Puedes, incluso, guardarte ciertos detalles sobre tus personajes. El lector no tiene por qué saberlo todo, ¿verdad?

Recapitulemos

¿Qué necesita un buen personaje? 
  • Un pasado...
  • ... en concordancia con su forma de ser. 
  • Regla GMC: Goal, motivation, conflict
  • Interés: hacer de lo mundano lo extraordinario. 
¿Cómo describir ese personaje en la novela? 
  • A través de sus acciones. 
  • Poco a poco: no presentar toda la información de golpe. No al infodump

Crear un buen personaje no es nada fácil. Yo todavía estoy en proceso. Pero sin duda una de las cosas que mejor nos van a funcionar (aparte de practicar y practicar y practicar) es fijarse en cómo otros narradores crean a los suyos. Tanto en películas, series, novelas y relatos: uno tiene que consumir literatura de manera crítica y con libreta y lápiz en mano.
Así es como se aprende.
O al menos, así es como aprendo yo.


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